La fuerza suma, no divide, México en los sismos del 19 de septiembre

No cabe duda que el tiempo ayuda a sanar las heridas, pero tampoco nos ayuda a olvidar tan rápido.

A 33 años del sismo de 8.1 grados de 1985, cuando el país aun no estaba del todo preparado para un desastre natural de tal índole, varios de los edificios resultaron colapsados, y cientos de personas perdieron la vida. Después de éste siniestro se reformó la política arquitectónica, los sistemas de seguridad fueron mucho más minuciosos y sobre todo la educación para saber como

reaccionar ante estas tempestades fue más precisa y de dominio público, así a lo largo de los años se estuvo haciendo cada 19 de septiembre al mediodía un simulacro.

El 19 de Septiembre de 2017 poco después del mencionado simulacro anual, un sismo de menor magnitud que el del 85 (7.1 grados según el Sismológico Nacional) provocó la caída de decenas de edificios en varias localidades de la Ciudad de México, el centro y sur del país, haciendo emerger en cada uno de los ciudadanos los sentimientos y emociones de tristeza, preocupación y angustia.

Me ha costado mucho escribir esta entrada. Tiene mas de un año que quiero publicarla, la he llamado de mil maneras, escrito mil palabras, pero no he encontrado la manera de dirigirla, o de expresarme al respecto, hasta hoy. Todos los medios y redes estaban hablando de lo mismo, hacemos una recopilación del momento mismo, de las víctimas que fueron héroes y las víctimas que tardaron en ser reconocidas, hablamos sobre la corrupción, demandas y de lo imponente que eran los edificios hechos «sándwiches» al pasar por la calle.

Muchas personas conocidas y desconocidas sufrieron el mismo temor, salir de sus casas mientras la tierra estaba en movimiento, las comunicaciones estaban saturadas, la incertidumbre de estar lejos de nuestra familia y seres queridos sin saber su ubicación o estado nos llenaba de ansiedad, Las redes de Internet como lo fueron IZZI e INFINITUM abrieron todos sus puntos públicos para que nos pudiéramos contactar y averiguar que era lo que estaba pasando en la cuidad, al igual que Google, en su aplicación maps donde podías localizar los puntos de desastre.

No cabe duda que el radio también ha sido un medio de comunicación importante en estos hechos, gracias a éste pudimos informarnos sobre las zonas más afectadas del país, los edificios que necesitaban ayuda de voluntarios, los que estaban tan saturados de manos que resultaba mejor no estar ahí para no estorbar. Caminar entre las calles y las avenidas más importantes de la cuidad como Reforma, Insurgentes y Tlalpan daban la impresión como si fueran ríos, como si las calles de Tenochtitlán resurgieran, solamente que en lugar de llevar agua, eran personas en movimiento.

Un medio de transporte que se volvió indispensable fue la bicicleta, varios grupos ciclistas se concentraban en distintos puntos de la ciudad para ayudar a llevar víveres a los centros de acopio como medicinas, comida y cobijas donde el acceso vehicular era imposible.

La solidaridad de los ciudadanos se volvió un tema importante, cientos de estudiantes, se organizaban en sus escuelas para mandar brigadas a los puntos necesarios, decenas de personas donaban y compraban casas de campaña para todos aquellos a quienes se les había derrumbado su hogar, la Cruz Roja, haciendo labores excepcionales apoyando con todo el equipo de rescate de Alta montaña y estructuras colapsadas en el Colegio Rebsamen. Arquitectos quienes dieron asesoría a todos aquellos que creían que podía colapsar su edificio o casa, doctores que brindaron su apoyo a quienes sufrieron de ataques de pánico y ansiedad, montañistas que donaron el 90% de su equipo como mosquetones y cuerdas para las labores de rescate y amas de casa que preparaban comida para los centros de acopio y los lugares donde todavía había labores de rescate de sobrevivientes. En pocas palabras era todo impresionante e increíble, eran las acciones que definen gráficamente lo que uno entendería por unión nacional.

México, país en donde la ayuda es: levantar el puño para pedir silencio, alzar aunque sea un pedazo de piedra podría ayudar a salvar la vida de alguien, no importaba la lluvia, el frío o las altas horas de la noche, nunca faltaron manos dispuestas a trabajar. 32 años después el pueblo mexicano volvió a demostrar esa hermandad que le caracteriza en momentos difíciles.

Hoy a casi un año y un mes del Sismo del 2017 y a 33 años del 85, no cabe duda que lo seguimos resintiendo, se siguen demoliendo edificios que resultaron sumamente dañados, dando como resultado un panorama nostálgico y un poco escalofriante al ver las paredes agrietadas y con hoyos, se recuerda a adultos y niños que perdieron la vida poniendo veladoras y coronas de flores en sus nombres, se sigue sintiendo miedo cada vez que se escucha la alerta sísmica.

La naturaleza nos demostró que no hay que olvidar lo acontecido hace 33 años, que no hay que tomarnos a la ligera su fuerza y grandeza, sobre todo que hay que respetarla.

En otras palabras, a todo México: Gracias.

Para mirar algunas de las fotografías de aquel día dar click AQUI.

Sí quieres visualizar algunas de las frases más emotivas te dejamos esta nota de: MÉXICO DESCONOCIDO

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