MI REGRESO A LA VIDA REAL

Por Ana Montes

Participar en el blog en el mes de mi cumpleaños, dedicado a todas las mujeres, decidí que era momento de compartir una de las experiencias más difíciles y más gratificantes que he vivido a lo largo de mis casi 56 años.

Me casé enamorada, convencida de que era él el hombre de mi vida y que estaríamos juntos hasta que la muerte nos separara, no por cuestiones religiosas, sino por convicción. Debo reconocer que fue un día maravilloso, con sus dos o tres señales que no pintaban muy bien, pero cegada por la emoción y el enamoramiento nunca vi o no quise ver.

Ana a los 24 años.


Los primeros 12 años fueron muy buenos, con altas y bajas como cualquier matrimonio. Pasaron los años y dejamos de ser nosotros, de ser pareja, compañeros de vida; lo que hizo la convivencia más complicada y fue entonces cuando decidimos separarnos.

Primer golpe a mi sentir ¿qué hice mal? ¿Por qué no funcionó? ¿Será que estoy gorda?

Junto con esto, los miedos se intensificaron ¿qué va a pasar con mis hijos? ¿ Con mi familia? ¿Con el “nosotros para toda la vida”? ¿y yo, mientas tanto… qué voy a hacer si no he trabajado en años? ¿Qué voy a hacer, si hasta el día de hoy me dedicaba al trabajo de casa y crianza de los hijos?

Tenía tanto miedo, ahora ya no era sólo yo, también eran mis hijos que venían conmigo. Dudé de todo lo que durante 20 años había hecho, de todo lo que había dejado de ser y hacer. No podía depender ya de lo que el papá de mis hijos buenamente quisiera darme, así que con el apoyo de mis amigos y el inmenso amor de mis hijos, un buen día decidí buscarme un trabajo, -sí ¡¿pero de qué?! si no sé hacer nada- pensé.

«Fue ese instante donde me di cuenta de todo lo que perdí
en el camino, me sentía tan mal, tan indefensa, tan temerosa e insegura de mí misma que se me cerró el mundo…»

después de mucho pensar y desde luego llorar (soy de lágrima fácil) comprendí lo que muchas mujeres dejamos de nosotras mismas por dedicarnos a los hijos, a ser “amas de casa” y olvidarnos que antes que nada, somos mujeres, seres humanos valientes y valiosos, con muchas inquietudes que dejamos bajo la responsabilidad de quien escogemos como “pareja” y que, además, resulta muy cómodo hacerlos responsables de nuestras vidas.

GRAVE ERROR

Nada en la vida ha salido más caro que eso, una decisión que YO SOLA tomé… En fin, dejando de lado las lamentaciones y uniendo la acción con la palabra, platiqué con mis conocidos y llegó la oportunidad de empezar a ganarme mi propio dinero.

Fue entonces cuando empecé a recuperar a la mujer que estaba en mi interior y que estaba abandonada en lo más profundo de mí. Pude ver y sentir que sí sabía hacer muchas cosas, que tenía estudios, educación, presencia y, sobre todo deseos de recuperarme y salir adelante con mis hijos que me motivaron a seguir en ese camino dándome el ejemplo de valor, de volver a ser yo, la que olvidé al paso del tiempo por comodidad, ahora ya se encontraba sin esconderse bajo el escudo de nadie.

hijas e hijo.

Al paso del tiempo y para mi sorpresa, YO, ANA LORENZA, me reconocí y recuperé cosas que ya ni me acordaba que me gustaban, me acepté y me empecé a querer. Estaba siendo yo nuevamente. Hoy, me disfruto y aprovecho al máximo, comprendiendo que NO debemos dejar que nos carguen ni cargar con la vida de otro, por mucho que lo quieras (o creas) quererlo, en verdad, nada justifica abandonarse de esa manera.

NO necesito que nadie se haga cargo ni responsable de mi vida. YO puedo y debo hacerlo.

a los 54

Después de más de 10 años de esa decisión, cinco años de terapia y el apoyo de mi adorada familia, de mis hijos y de mis amigos ya me siento mejor; me veo a distancia y no sé en que momento renuncié a lo que yo realmente quería ser y hacer, a sentir lo que realmente sentía, a ir en contra de mis deseos en un camino donde perdí la voluntad y el amor propio, lo que me fue enredando en una relación insana y perjudicial para todos.

Me he dado cuenta que la vida es más fácil cuando se tiene la confianza y sinceridad suficiente contigo mismo para saber que nada ni nadie tiene porqué hacerte cambiar, que es un error garrafal tratar de ser lo que otro espera de ti por no perderlo, cuando al final la única que se pierde, eres tú.

Enfrentarme a quien realmente soy me está costando trabajo, descubrir mi “ lado oscuro” no ha sido nada fácil, pero de algo estoy segura: hoy soy mejor persona, me acepto como debe ser y vivo mi vida intensamente.

Ana a los 56

Como yo, actualmente miles de mujeres viven siendo lo que otros esperan que sea, lo cual llega a provocar que NUNCA sepan realmente quienes son ni como son; tenemos que aprender a pedir ayuda. Mientras estemos vivas siempre será el momento correcto para tomar una decisión.

No todo está escrito, tu historia puede cambiar

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