EDUCACIÓN, HIJOS Y NATURALEZA

Por Rosario Mejía 

Soy Directora de franquicia  de KukapongaLife, una empresa experta en campamentos educativos, dedicada a crear experiencias, unir, alegrar e inspirar a los participantes a dar lo mejor de sí mismos.

Me gustaría hablar sobre el rol que tenemos como madres dentro de la importancia de educar a nuestros hijos en un entorno de contacto con la naturaleza.

La mujer, en su rol de madre, desempeña un papel muy importante en nuestra sociedad; es uno de los pilares en la familia, el núcleo de la sociedad.

Desde que somos pequeñas nos educan bajo ciertos esquemas o patrones sobre las actividades que debemos realizar sólo por «ser mujeres», los cuales de manera independiente, extendemos o mantenemos a libertad. Pasamos de ser las hijas, a ser mujeres que toman sus propias decisiones, que generan valor en un contexto productivo tanto en lo económico como en lo social. Las mujeres como base fundamental de la familia forjamos las raíces para alimentar nuestras ramificaciones, las cuales crecen y forman el árbol que generamos.

Estamos viviendo y enfrentado situaciones muy complicadas en los social y frente al entorno global, nuestras nuevas generaciones crecen con bases de tecnología que a veces nos superan, debido a que nosotras experimentamos un entorno diferente.  Nuestros hijos están creciendo con un aparato tecnológico en la mano, mismo que nosotros como familia, decidimos poner a su alcance.

El árbol como esquema o reflejo de nuestra familia. He allí la importancia de la tarea de forjar a nuestros retoños con una educación integra y lo más completa posible.

Reflexionando sobre el tema, es súper importante tener presente lo que grandes estudiosos o especialistas (Psicólogos, pedagogos, sociólogos, entre otros), nos dicen al respecto: que los niños, por lo menos desde que nacen hasta los 2 años de edad no deberían tener a su alcance aparatos tecnológicos ya que están en un periodo de desarrollo de su cerebro, el desarrollo de sus habilidades motoras y en vez de enfocarnos en su crecimiento básico en lo físico e intelectual, lo estamos llevando de la mano con temas tecnológicos que los hacen hasta cierto punto muy pasivos físicamente hablando y demasiado acelerados en la estimulación cerebral.

Nosotros educamos a nuestros niños en el día a día con un ritmo de vida que tenemos como adultos, lo cual los hace partícipes del acelere cotidiano, he aquí la importancia de permitirles disfrutar del tiempo de tranquilidad y de cercanía con la naturaleza.

Actualmente hay una deficiencia de socialización de nuestros pequeños donde no han aprendido a relacionarse, no saben manejar sus emociones, buscan la inmediatez, no se controlan ante situaciones de frustración y no son tolerantes; y dentro de nuestra búsqueda de darles lo mejor, nos complicamos; y a veces los saturamos de prácticas o actividades. Por eso es importante enfocarnos en transmitir lo que sí aporta a su crecimiento, a su sano desarrollo y pensar qué hacer al respecto.

Hay muchas actividades en las cuales desarrollan sus sentidos a la par que desarrollan sus habilidades y conocimientos. Pueden ir, por ejemplo, de campamento, que consiste en una actividad que, al desarrollarse en contacto con la naturaleza, en un ambiente abierto y libre de tecnología, permite que los niños vivan, sientan, experimenten y disfruten de sensaciones diferentes que los van a ayudar a crecer, que los van a ayudar a adquirir conocimientos que les permitirán sensibilizarse del entorno y sobre todo la importancia del medio ambiente. Además de desarrollar sus relaciones, aprenden a hacerse responsables de sus cosas y empiezan a sentir la independencia. Las actividades al aire libre y en contacto con la naturaleza nos hacen más sensibles y más fuertes

Seguramente por ahí hemos escuchado, (bases de la sabiduría popular) que “NOSOTROS COSECHAMOS LO QUE SEMBRAMOS”, entonces nos preguntamos: ¿Qué es lo que queremos para nuestros hijos, para nuestra sociedad? Sobre la respuesta a éste cuestionamiento, es lo que tenemos que trabajar desde las bases. 

Sabemos que tratar de reeducar es mucho más complicado y es algo a lo que realmente preferimos no enfrentarnos.  Y hago mención de esto, sólo para resaltar la importancia de educar desde la cuna y que como madres el papel que desempeñamos realmente trasciende y se permea generación tras generación.

Sin duda, somos testigos que actualmente nuestros niños son difíciles de satisfacer, su capacidad de asombro a veces es nula, las actividades sencillas les parecen aburridas, siendo que para otras generaciones eran la base de su recreación.  

Hemos tenido que reinventarnos como especialistas en las actividades al aire libre, lo que consiste en que no es imposible atraerlos cuando todo tiene un sentido educativo.  Permitamos que el desarrollo de los niños se apoye en un ambiente natural y de libertad, el que participen en un día de campo, el que vivan la ventura de un campamento de varios días o de semanas, de acuerdo a nuestras posibilidades.; la sola práctica de llevarlos al parque, que los dejemos correr, de permitirles que se sientan libres para que aprendan a conducirse y a tomar sus propias decisiones son herramientas invaluables que finalmente las agradeceremos y probablemente en su momento ellos lo agradecerán también.

Este es un granito de arena que podemos aportar a las nuevas generaciones. Si dejamos un poquito de lado lo que ya sabemos que van a tener a su alrededor; los colegios los llenan de temas tecnológicos y es el modo de convivencia con sus amigos, así que haciendo nosotros algo diferente, tendremos resultados diferentes.

Los especialistas hablan también de la importancia de que los niños hagan uso de su imaginación. Cuando se expresan y echan a volar su imaginación, por ejemplo en actividades didácticas, en las que se les pide que frente a un público expongan o expresen alguna de sus habilidades, muchas veces les cuesta trabajo, sin embargo conforme van tomando confianza, llegan a un momento fantástico en el que ya no están pensando en el “que van a decir, y si me sale bien o si me sale mal” experimentan esa sensación de: lo estoy haciendo, lo estoy logrando, lo estoy viviendo, lo estoy disfrutando, por lo que ya no me interesa lo que opinen los demás, pues en un entorno de compañerismo, el esfuerzo es recompensado francamente con una sonrisa, con un aplauso o con una porra.

 Así se trabaja en la confianza y el amor propio, en la seguridad, en las inteligencias emocionales; que como bien sabemos es algo que muchas veces no se trabaja en el colegio y tristemente, tampoco en casa.

Resaltando el tema de la inteligencia emocional, resulta que no sabemos como asimilar lo que sentimos, a veces no sabemos ni porque lo estamos sintiendo y aunque resulten de la estimulación de circunstancias externas están dentro de nosotros y así como permitimos que entren, también los podemos eliminar.  Ser inteligente en lo emocional nos permite mediar nuestros comportamientos y nuestros sentimientos. Es algo que se logra con la práctica. Demos el ejemplo a nuestros hijos, compartamos con nuestra pareja la importancia de que nuestros hijos se desarrollen en un entorno diferente, con un poco de desapego, ayudamos a un mejor desarrollo si no los cerramos en una burbuja ajena a la realidad, afortunadamente hay opciones para trabajar en ello.

Lo mejor es que trabajemos constantemente en la educación de nuestros hijos, que sepan actuar en situaciones de libertad, como ejercerla responsablemente, como tomar las mejores decisiones en sus diferentes etapas de crecimiento, siempre considerando las bases de su educación y los valores que les dimos en casa.

Hay que darles a nuestros hijos la oportunidad de vivir experiencias diferentes que contribuyan a su formación de manera integra.

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