LA MONTAÑA RUSA DE MI VIDA

Por Victoria

Soy Vic, Victoria, Vica y hoy quiero contar mi historia, la de cómo no he desistido ante el paso de la vida y he logrado mantenerme con la cabeza arriba.

Siempre fui la clase de persona que tenía su vida planeada: de los trece a los quince la secundaria, de los quince a los dieciocho la prepa y luego de los dieciocho a los veinticuatro la universidad. Comenzaría a trabajar un año antes de terminar la carrera en un instituto o secretaría, obtendría mi título y podría tener lo suficiente para independizarme de mis padres a los veinticinco, de ahí para adelante.

Esa era yo, todo sería perfecto y mi vida no académica ocurriría de forma simultánea a este plan. Tendría una relación estable desde los veintitrés con un hombre increíble y cuando fuera independiente sería más fácil poder escalar la relación, y quizás, después de vivir sola dos años, vivir en pareja y casarme antes de los 28. Disfrutar el matrimonio para luego tener dos hijos antes de los treinta por el riesgo obstétrico y los embarazos geriátricos. Ahí la vida se encargó de decirme «no, mi ciela

Actualmente sigo luchando por terminar la carrera, sigo viviendo con mis padres, soy soltera y estoy rozando los veintisiete. Pero no todo es un fracaso rotundo. Ingresé a la carrera de Ingeniería Geofísica y seguramente dijiste ¡¿Geo-qué?!, quizás lo googlees después. Entrar a la universidad representaba la cosa más valiosa e importante que realizaría en mi vida y claro que lo ha sido, en parte; sin embargo, lo que me ha aportado más en estos largos y estrepitosos siete años ha sido el cúmulo de experiencias vividas para llegar a ser quien soy ahora.

A partir de mi tercer semestre mi familia atravesaba algunas dificultades económicas, -ya sé que para muchos ésta es una realidad desde que son niños, pero conmigo no-; comencé a trabajar para aportar algo a la casa, cabe aclarar que somos una familia promedio con vida promedio y todo promedio, de alguna forma se alivianaban las cosas en casa, aunque no demasiado, mi sueldo de tres mil pesos mensuales para una casa con una familia completa poco podía hacer, pero era mejor que nada. Creía que sería una situación temporal, un año o dos como máximo, pero se convirtieron en 5 años los mismos que me tomaría, según mi plan, terminar la carrera y hasta un poquito más.

Cada vez me alejaba más del día en que me recibiría como Ingeniera Geofísica, al mismo tiempo aprendía a disfrutar del trabajo, aprendí a valorar el fruto de mi esfuerzo y que “el dinero no se da en los árboles”.


Así como comenté unas palabras más arriba, mi plan de vida y mi plan personal se entrelazaban y ¡Zaz! Me enamoré de un alguien y para no hacerlo más largo, triste y doloroso de lo que fue lo resumiré con una sola palabra: aborto. No, no es fácil, es una experiencia que sin dudas es un parteaguas en la vida de quien lo experimente. Es la decisión más difícil de mi corta e inexperta vida y lo más doloroso que he sentido, emocional, espiritual y físicamente. Resulta algo complicado hablar de esto y contar ésta historia, es la primera vez que lo hago a para publico, así que no me juzgues. Todo tiene siempre una razón de ser y ésta es la mía.

Cuando ocurrió todo, mi familia no solo continuaba con una situación económica difícil, además de esto comprobé lo cierto que es el dicho: “Cuando el dinero sale por la puerta, el amor sale por la ventana” ya que después de algunos años de luchar contra los recibos de la casa y las cuentas por pagar, mi mamá se fue de casa.

Sólo éramos mis hermanos, mi papá y yo, con los corazones rotos, muchísimas deudas y con el vacío que dejó mi mamá.


Meses después de que esto ocurriera me di cuenta de que mi cuerpo estaba cambiando, ya no era solo yo, tenía un ser creciendo dentro de mí. Me abrumaba todo a mi alrededor, el trabajo, la universidad, no contar con el apoyo de mi pareja en ese momento y mi familia estaba rota y ahogada en deudas. Los miedos y las dudas me invadieron, no me sentí capaz y pese a todos los sentimientos encontrados, los prejuicios a los que me enfrentaría y mis remordimientos, tomé la decisión. No traería a mi hijo a vivir junto a una madre que no tendría que ofrecerle, sin un padre, con una familia que estabas desmoronándose; no quería una vida así para él.

Superé el dolor físico que representa, pero debo decir que el de índole emocional persiste… Reflexionar sobre este episodio y aún creer que fui cobarde me afligía, pero es una decisión que sabía era irreversible y de la cual no me arrepiento por la calidad de vida que no pude haberle dado.
Después de mucho tiempo y terapia es una parte de mi vida que me ha ayudado a ser más consiente, a cuidar y amar mi cuerpo. Reconocerme como una mujer en constante crecimiento que puede contribuir a mejorar la percepción de otras mujeres respecto a su salud y vida sexual.

Aprendí que la vida es algo que cambia constantemente, no podemos controlar cada aspecto de ella, es impredecible y debemos adaptarnos a sus repentinos giros para mantenernos lo más positivos que podamos.

Ahora soy una mujer que se esfuerza por mantenerse lo más emocionalmente estable, trato de esforzarme lo más que puedo por terminar mi carrera y apegarme al concepto de coherencia en cada aspecto de mi vida.

No soy perfecta ni infalible, pero considero que la conciencia en uno mismo y nuestro acontecer es la clave para poder llevar una vida más feliz, tranquila y con la satisfacción de que lo estamos logrando.

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